Qué es la "depresión sonriente" y cómo identificarla
La "depresión sonriente" se caracteriza por ocultar el malestar tras una apariencia de bienestar, según explican especialistas citados por BBC Mundo.
Por Redacción Acento Europa ·

La "depresión sonriente" no es un diagnóstico reconocido oficialmente, pero las búsquedas del término en internet han aumentado un 50% en los últimos cinco años, según recoge BBC Mundo. La doctora Olivia Remes, investigadora en salud mental de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, la describe como aparentar felicidad por fuera mientras por dentro la persona se siente deprimida y desanimada.
La Organización Mundial de la Salud estima que 322 millones de personas en el mundo padecen depresión. Se habla de depresión cuando síntomas como la tristeza persistente o la pérdida de interés y disfrute duran semanas o meses y afectan el trabajo, las relaciones, el sueño y la vida diaria.
Algunos estudios sugieren que hasta el 40% de las personas con depresión presentan una forma "atípica", en la que los síntomas se apartan de los estereotipos. Por ejemplo, pueden dormir o comer más de lo habitual y mejorar temporalmente ante algo bueno o emocionante.
Por qué se oculta
Según Remes, algunas personas ni siquiera advierten que están deprimidas y atribuyen sus síntomas al estrés de una vida ajetreada. La tendencia a ocultarlo es especialmente frecuente en perfeccionistas y personas meticulosas, que tienen altas expectativas de sí mismas.
Otras temen el estigma, ser una carga para los demás o las consecuencias en el trabajo y en sus relaciones personales. Las expectativas culturales o familiares también pueden dificultar hablar abiertamente del problema.
Los riesgos de guardar las apariencias
El profesor Barney Dunn, psicólogo clínico de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, advierte que la depresión aísla y genera soledad, y que conectar con los demás es uno de los mejores antídotos contra el bajo estado de ánimo. Ocultarla también puede impedir que la persona reciba la ayuda que necesita.
Remes alerta de que los primeros síntomas, si no se tratan, pueden volverse crónicos y graves, y aumentar el riesgo de suicidio.